El escenario político de La Libertad Avanza (LLA) de cara a las próximas instancias electorales ha comenzado a moldear dinámicas complejas e inesperadas. En el centro de esta escena se encuentra la legisladora neuquina Nadia Márquez, cuya proyección ha experimentado un vertiginoso ascenso desde las bancas locales hasta la cima del armado nacional de la Casa Rosada. Hoy, su nombre sintetiza una encrucijada estratégica: disputar el poder en el ámbito municipal y provincial, o consolidarse en la fórmula presidencial que acompañe la reelección de Javier Milei.
El mapa político neuquino añade un ingrediente determinante a este dilema. El intendente Mariano Gaido transita el tramo final de su mandato en la capital provincial sin posibilidad constitucional de reelección. Frente a este fin de ciclo, la estrategia oficialista local para asegurar la continuidad tropezó con serias dificultades: la figura impulsada por el gabinete para sucederlo, la funcionaria María Pasqualini, no logra despegar en los sondeos de opinión pública ni consolidar la adhesión necesaria en el electorado capitalino.
A este escenario de estancamiento de la principal carta del espacio gobernante se le suma un desgaste paulatino pero firme en la gestión municipal, marcado fuertemente por el avance y la creciente preocupación ciudadana en torno a la inseguridad. El incremento de los hechos delictivos en los barrios capitalinos se ha convertido en uno de los flancos más vulnerables del gobierno local, mermando la capacidad del oficialismo para articular un relato de continuidad exitoso y dejando un terreno fértil de descontento social.
Es en esta grieta electoral donde las posibilidades de Márquez se agigantan. Sabedora de que la fragmentación, las dudas sobre la candidatura de Pasqualini y el malestar por la inseguridad le abren una oportunidad real para ganar la intendencia de Neuquén, la dirigente comprende que conquistar el sillón municipal no es solo un triunfo comunal: representa la plataforma de despegue perfecta para aspirar, en cuatro años, a la gobernación de la provincia que alberga a Vaca Muerta, la jurisdicción con los recursos económicos y energéticos más codiciados del país.
Por otro lado, la escena nacional ofrece una alternativa de alto impacto directo. Impulsada por la articulación del sector confesional evangélico y consolidada en la mesa chica del oficialismo con el aval explícito de la cúpula libertaria —evidenciado en espacios estratégicos asignados en el Congreso—, Márquez ha emergido como la figura predilecta de Javier Milei para integrar la fórmula presidencial hacia 2027. Su alineamiento doctrinario sin fisuras, su protagonismo legislativo y la estructura orgánica que respalda su figura la ubican en el pelotón de preferencia para ocupar la vicepresidencia.
El dilema refleja así dos modelos de construcción política: aprovechar el momento oportuno para capturar una plaza municipal clave en plena zozobra del sucesor de Gaido y desgaste por la inseguridad para luego proyectar poder provincial, o asumir una función de escala nacional en el Poder Ejecutivo. Para Márquez y el armado oficialista, la decisión implica optar entre capitalizar la coyuntura neuquina o volcar ese capital en el binomio que buscará revalidar el mandato nacional.