domingo 8 de noviembre de 2026 - Edición Nº46

Región | 17 Oct

60 años del feudo del MPN

Neuquén, millonarios petroleros pero líderes en delito y pobreza

Seis décadas de hegemonía ininterrumpida no construyeron un modelo de desarrollo, sino una matriz de adicción estatal e inequidad. Sobre la segunda reserva de gas del mundo, el régimen neuquino estructuró un feudo moderno que sobrevivió vendiendo progreso, pero que deja una provincia con criminalidad récord, marginación urbana y un Estado hipertrofiado.


Durante años nos vendieron que los feudos argentinos pertenecen exclusivamente al Norte empobrecido: provincias sin recursos, atrapadas en el clientelismo de la bolsa de comida y la Coparticipación Federal. Sin embargo, en la Patagonia se consolidó una versión mucho más perversa e hipócrita: el feudo de la desigualdad corporativa.

Bajo la conducción histórica del Movimiento Popular Neuquino (MPN), la provincia no construyó una sociedad equitativa; diseñó un sistema extractivista de acumulación política. Neuquén no es una historia de éxito patagónico: es la demostración cabal de cómo una casta puede estar sentada sobre un mar de petróleo y, al mismo tiempo, multiplicar la violencia urbana, la burocracia ineficiente y la exclusión social a pasos agigantados.

La farsa del derrame y la fábrica de la exclusión

La narrativa oficial insiste en promocionar a Vaca Muerta como la salvación nacional. Pero en las calles de Neuquén Capital —el hub financiero y logístico del boom no convencional— la riqueza no derrama: expulsa.

La irrupción de las multinacionales generó una economía salvajemente dual. Por un lado, un enclave privilegiado que cobra salarios en dólares y dispara la inflación local. Por el otro, la inmensa mayoría de la población: comerciantes, docentes, empleados de servicios e informales que deben sobrevivir en una de las ciudades más caras de la región, donde los alquileres son inalcanzables y la canasta básica destruye cualquier presupuesto.

Esta brecha socioeconómica genera un clima de violencia constante. Las estadísticas de Estadística Criminal confirman la gravedad de la situación: Neuquén llegó a situarse en el podio nacional de tasa de homicidios dolosos (registrando 5,7 asesinatos cada 100.000 habitantes), disputando las peores cifras del país a distritos históricamente golpeados como Santa Fe. Mientras los funcionarios se sacan fotos en los yacimientos, los barrios de la capital se hunden en disputas territoriales, narcocriminalidad y robos diarios.

La miseria que rodea a la opulencia petrolera no es una casualidad: es el resultado de un régimen que jamás usó la renta hidrocarburífera para integrar socialmente a su población, sino para financiar su propia permanencia.

El Estado como aguantadero y la caja prebendaria

¿Cómo sostuvo el MPN esta ficción durante 60 años sin un estallido social masivo? Aplicando la receta feudal tradicional: usar el Estado como un aguantadero político.

Para absorber a la marea migratoria que llegaba atraída por el espejismo petrolero pero que la industria nunca iba a contratar, el régimen financió una planta estatal sobredimensionada. Las regalías petroleras, que deberían haber diversificado la matriz productiva de la provincia para el día en que el gas se agote, se quemaron en mantener una burocracia gubernamental y municipal insostenible.

El resultado es un esquema perverso: cuando el precio internacional del crudo sube, la caja política gasta sin control; cuando el crudo cae, la provincia "millonaria" queda al borde del default, con los servicios públicos colapsados, asentamientos informales sin servicios básicos y familias enteras buscando sustento en el basural a cielo abierto del Complejo Ambiental de Colonia Nueva Esperanza.

Mismo perro, distinto collar

La derrota electoral del MPN en 2023 no fue el fin del feudo; fue una simple reorganización de directorio. Quien asumió la gobernación, Rolando Figueroa, se formó en las entrañas del propio MPN. Al mismo tiempo, el partido retuvo la Intendencia de la Capital con Mariano Gaido. Lo que vendieron como una "revolución democrática" fue apenas un reordenamiento de la caja para que nada de fondo cambie.

Neuquén demostró que no hace falta parecerse a Formosa para consolidar un feudo. Basta con esconder la exclusión detrás de las torres de perforación, maquillar el clientelismo con discursos tecno-petroleros y ahogar a impuestos al comerciante local para pagar la fiesta de la burocracia.

Sesenta años son más que suficientes para entender la estafa: la riqueza del suelo neuquino se cotiza en dólares, pero a la sociedad local solo le quedan la inflación, la inseguridad y los desperdicios.

Más Noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias