Un relevamiento realizado en conjunto con Río Limay Noticias encendió las alarmas sobre el estado sanitario y ambiental de Neuquén Capital: en diversos sectores de la ciudad se identificaron más de 400 microbasurales activos. La cifra evidencia la ausencia de una política municipal efectiva para erradicar este problema estructural, dejando expuesta una severa falla en la gestión de servicios básicos fuera del ejido céntrico.
Se estima que más de 4.500 familias conviven a diario con el amontonamiento de residuos en calles, esquinas y terrenos baldíos. Frente a la falta de respuesta del esquema habitual de recolección, las montañas de basura se transforman en focos de infección, olores nauseabundos y plagas que afectan de manera directa la salud de los vecinos.
Uno de los puntos más críticos identificados se ubica en el barrio Valentina Sur, una de las zonas donde la acumulación de despojos domiciliarios, escombros y chatarra se convirtió en moneda corriente. En la esquina de una arteria no pavimentada, Juan Carlos, un vecino histórico del sector, sintetiza el malestar diario que enfrentan quienes viven alejados de las avenidas principales.
"Hace meses que venimos reclamando por este baldío. La gente tira de todo a cualquier hora y la municipalidad brilla por su ausencia; pasan semanas sin que el camión o las cuadrillas despejen la esquina", lamenta Juan Carlos mientras señala una pila de bolsas rotas y restos de poda que ocupan mitad de la calzada. "En verano el olor no se soporta y cuando corre viento la basura termina adentro de nuestras casas. Nos venden una ciudad moderna y turística en el centro, pero hacés diez cuadras para este lado y convivís con la mugre y las ratas".
"Caminás pocas cuadras fuera del corredor principal y el aire se vuelve irrespirable. La ciudad huele mal", coinciden las familias de los barrios periféricos. La presencia de escombros, desperdicios domiciliarios, matorrales acumulados y basura orgánica sin retirar expone el evidente desbalance en la asignación de recursos y la falta de planificación urbana.
A la mugre generalizada se le suman los contratiempos generados en días de precipitaciones: la acumulación de desechos en las esquinas termina tapando los desagües pluviales, lo que provoca calles completamente anegadas y aisladas. La escasa iluminación en estas zonas no solo agrava la visibilidad sino que favorece el arrojo clandestino de basura a oscuras en terrenos desocupados.
A pesar de los discursos oficiales centrados en la imagen del microcentro neuquino y los paseos turísticos, la realidad a pocas cuadras de las avenidas principales ratifica la disconformidad social reflejada en los últimos sondeos de gestión: para miles de familias, la falta de limpieza y mantenimiento diario sigue siendo la principal deuda de la municipalidad.